Cuando uno lee en la página en línea de la BBC lo siguiente: “Estados Unidos impuso un plazo de 48 horas a la petrolera BP para que presente un plan adicional para contener el derrame de crudo en aguas del Golfo de México.”

Lo que inmediatamente podría cuestionarse un especialista en manejo de gestión de riesgos de negocio.

¿No se diseña un plan para situaciones como éstas?

O por el contrario, seguro se pensó y se diseño.

Pero no se desarrolló porque prevaleció el interés del negocio por encima de la gestión de cualquier evento adverso.

De ser así, entonces estamos preparados para aceptar,sin discusión,el documental de Al Gore “Una verdad Inconveniente”.

El cual siempre estará cuestionado por los científicos especialistas en la conservación del ambiente y materias relacionadas.

Pero no lo estará en  los negocios que han causado que el calentamiento global sea real y producido por la actividad del hombre durante muchos años.

No importando cualquier consecuencia que derive del mismo.

Esto sucede a diario en todas las organizaciones.

La tensión que existe entre las personas que desean llevar adelante el negocio y los intereses del mismo

Sobre aquellas personas que defienden los marcos y patrones de control que limitan la acción de las ideas e iniciativas de la empresa.

Sin duda, es una gran batalla diaria.

Las dimensiones son distintas, por ejemplo:

No se compararía una catástrofe como la de la British Petroleum en el Golfo de México, con una quiebra de un supermercado de una pequeña localidad.

La primera por haber ido más allá de las fronteras del control del hombre.

Es decir, luchar contra la naturaleza y la otra por haber decidido depender de un sólo proveedor.

¿Qué sucede en el mundo real?

Pero, en realidad qué sucede en las reuniones donde se toman las decisiones de seguir adelante con un proyecto que implica riesgos.

Riesgos, inimaginable.

Pues así a veces son catalogados en esas reuniones.

Juguemos un poco con nuestra imaginación y con algo de experiencia simulando una reunión de esas:

Se encuentra reunido el comité ejecutivo de la empresa y su director principal les comenta que tiene en sus manos el proyecto que los convertirá en el máximo líder de la industria por toda la eternidad.

No hace falta estimar las ganancias, pues estas serán abrumadoras.

Por lo cual, de por sí el proyecto cuenta con la aprobación de los accionistas y en consecuencia a ello le han brindado total empoderamiento.

Como paso siguiente expone detalles del proyecto.

Explicando que la extracción del petróleo será realizado en profundidades nunca alcanzadas previamente.

Con ello destaca la invaluable tecnología a ser utilizada para realizar semejante tarea en un mundo tan hostil.

No faltará algún ejecutivo conservador que consulte si realmente dicha tecnología logrará su cometido:

Extraer millones de barriles de petróleo de una profundidad mayor a los 1.500 metros.

El cual recibirá como respuesta: Somos capaces de hacerlo a profundidades aun mayores.

Pero, preocupado aun por la dimensión de tal empresa, el director de riesgos,  se verá obligado a preguntar:

¿Hemos evaluado la posibilidad de que ocurra un evento a esas profundidades?

Considerando que sólo robots o maquinas son las únicas que podrían bajar a tales profundidades y soportar presiones extremas.

En ese momento, todo el mundo mirará quien haya planteado semejante escenario, recibiendo posiblemente este tipo de respuestas:

Toda nuestra tecnología está probada para trabajar en ambientes extraterrestres.

Otra respuesta será algo parecido a esto: Eso es inimaginable.

Por eso, esto no volverá a pasar.

Dicho esto, todos se volverán sobre el director principal el cual dirá con entusiasmo:

Entonces empezamos en una semana.

Sin duda, en la situación anterior prevaleció el interés del negocio sobre cualquier consecuencia o escenario de riesgo que se planteó.

Es cierto que los negocios se hacen para hacer rentable organización.

Para maximizar el valor accionario de la empresa y para crear bienestar en la sociedad.

Es por ello que los debe mover un deseo habilitador impregnado de codicia, la cual bien administrada es buena.

Pero precisamente, esa buena administración viene dada en el rol que le corresponde al director de riesgos.

Que permita hacer contrapeso con sus escenarios en las revisiones de proyectos que han de desarrollarse.

Pues a veces, si bien sus comentarios no son bien recibidos es porque están tocando algún elemento que exacerba los temores ocultos de quienes se están arrojando a un proyecto que puede representar pérdidas irrecuperables y catástrofes inimaginables.

Ahora bien, no sería fácil hacer comprender y convencer a mucha gente que sí se ha desarrollado tecnología para explotar petróleo a profundidades batiales no utilizarlas.

Ciertamente se ha invertido tanto que sería irracional no recuperar lo invertido.

Lo que debe hacerse es tener siempre la opción contingente, el plan de recuperación, la vuelta a atrás.

Es ir a lo básico, como cuando se planificó ir a la luna en la misión Apollo.

El problema no era ir, el problema era regresar.

En estos proyectos; y en la mayoría donde se involucra todo, donde se arriesga el prestigio, el patrimonio, el bienestar común, la sociedad y la vida.

Sin embargo, lo propio es pensar y desarrollar el plan que vuelva todo al punto de partida, es pensar en “el antídoto antes de preparar el veneno”.

Esto no sólo le ha ocurrido a BP, le ha pasado a Leman Brothers.

Ha ocurrido en miles de bancos y otras tantas miles de empresas más.

No queremos pensar que algo malo nos va a pasar, que alguien alrededor nuestro está haciendo algo mal.

Pero las lecciones nos dicen que si pasa, pero nos quedamos con los patrones que queremos aceptar

Tanto así que era más fácil pensar que una amenaza podía venir del espacio a que pudiese provenir de un a válvula rota de extracción de petróleo de las profundidades de nuestra frágil y ahora más contaminada tierra.

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